Pasan los días…

4 04 2009

… y las cosas cambian y permanecen. Ha llegado un punto donde las cosas ya no son lo que eran. Las paradojas invaden cada rincón de mi pensamiento. Todo es nuevo, revolucionario, un amasijo de caos; sin embargo, monótono. Aprovecho cada momento y desperdicio cada instante. El desaliento invade las ideas difusas en mi mente.

Hace meses que no recuerdo ningún sueño. ¿Habré pardido la capacidad onírica? ¿Por qué, Morfeo, me haces esto? Mis ilusiones yacen entre los pantanos de las penas. Mis aspiraciones, mis sueños, olvidados para siempre en el recóndito lugar del que nunca debieron salir.

El rayo de esperanza, tan idolotrado por tantos, atraviesa la penumbra de la soledad. La serenidad, sí, la serenidad, eso es lo último que me queda. Morfeo, devuélveme mis sueños. ¡Retornad, ilusiones, a mí! Huid presto, señor de la muerte, pues no hay lugar para vos en mí. Oh, soledades de la mañana, cantad en mí; llorad en mí; salid de mí.

El sueño me invadió. Un sueño sin sueños, un dormir sin descanso. El payaso sin las risas se resignó, dejó de ser humano y lo aceptó. Se hundió en el pozo sin protestar. Y pasó un largo tiempo, un enorme abismo. Nunca más recobró su dignidad que por derecho le correspondía.

No, Morfeo, no. ¡Dame aquello que es mío! Te ganaré, te venceré sobre las tinieblas. Pero, por favor, devuélveme mis sueños