Hoy ha sido un bonito día. Por la mañana un poco ajetreado. Me levanté temprano sin desayunar para hacer la analítica, pero los posteriores churros de la cafetería compensaron. Luego tocó cortarse el pelo, no tuve que esperar nada, cuando llegué terminó el anterior cliente, ¡qué gusto!
Comí y toqué la guitarra. Me interrumpen con el teléfono, me llaman para una partida de Risk. Me visto, grabo un par de DVDs pendientes y me voy (literalmente) corriendo tras el bus. Por cierto, gané el juego, tengo dotes de gran conquistador mundial. No hubo tanta suerte con el Mario Kart. Me despido y vuelvo para casa. La tarde estuvo bien.
No obstante, cuando volvía, en el bus, ya de noche, empecé a fijarme en el cielo. La noche estaba apacible y se veían algunas estrellas. Entonces me acordé de que los antiguos contemplaban la bóveda celeste con gran facilidad ya que no había contaminación lumínica. Ahora me explico por qué se inventaban tantas constelaciones. La verdad es que el cielo me serenó mucho.
Puede que sean sólo un puñado de puntitos luminosos, pero ¡qué bellos puntitos luminosos!
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