Hay momentos, instantes donde verdaderamente te sientes vacío. Luego ese hueco es llenado por una melancolía, una nostalgia de otros tiempos mejores, una amargura que asienta en el fondo del alama. Hoy es un día de esos. De los que no tienen color, anodinos por completo. Y es lo de siempre. Cuando la luz de la esperanza comienza a flotar, la negrura se abalanza sobre ella.
“cualquiera tiempo pasado
fue mejor.“
Lo que uno tiene nunca se llega a apreciar del todo hasta que se pierde. Aunque la experiencia nos ayuda, pocas veces nos acordamos de ella en momentos de gloria. Siempre la misma piedra… Una, y otra, y otra, y otra… vez…
Pasadas las horas, los días, esa negrura empieza a desvanecerse, el haz de luz se asoma de nuevo, pero… ¿qué sentido tiene? ¿Estamos condenados a este ciclo eterno? Y soy consciente (¿o quizá no?) de que esto no es nada, sólo un simple malestar burgués, una vanidad que sólo unos pocos se pueden permitir. Pero es duro, es duro ver cómo se repite, incesantemente. ¿Qué resta? ¿Disfrutar de los momentos de alegría e intentar olvidarse de los malos? ¿Por qué no hay una respuesta, una solución rápida, un atajo, un truco incluso? Nada.
Me siento algo más reconfortado, pero en el fondo sé que el ciclo seguirá. Tal vez se rompa, pero eso sería aún peor (¡ironías de la vida!). ¿Resignación o rebeldía? ¿Hay término medio? ¿Acaso eufemismos tan rimbombantes como tolerancia, aceptación sirven para algo?
Hoy es de esos días que hasta daría la razón a mi amigo nihilista.

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