Nubes de vacío

30 12 2008

Hay momentos, instantes donde verdaderamente te sientes vacío. Luego ese hueco es llenado por una melancolía, una nostalgia de otros tiempos mejores, una amargura que asienta en el fondo del alama. Hoy es un día de esos. De los que no tienen color, anodinos por completo. Y es lo de siempre. Cuando la luz de la esperanza comienza a flotar, la negrura se abalanza sobre ella.

cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Lo que uno tiene nunca se llega a apreciar del todo hasta que se pierde. Aunque la experiencia nos ayuda, pocas veces nos acordamos de ella en momentos de gloria. Siempre la misma piedra… Una, y otra, y otra, y otra… vez…

Pasadas las horas, los días, esa negrura empieza a desvanecerse, el haz de luz se asoma de nuevo, pero… ¿qué sentido tiene? ¿Estamos condenados a este ciclo eterno? Y soy consciente (¿o quizá no?) de que esto no es nada, sólo un simple malestar burgués, una vanidad que sólo unos pocos se pueden permitir. Pero es duro, es duro ver cómo se repite, incesantemente. ¿Qué resta? ¿Disfrutar de los momentos de alegría e intentar olvidarse de los malos? ¿Por qué no hay una respuesta, una solución rápida, un atajo, un truco incluso? Nada.

Me siento algo más reconfortado, pero en el fondo sé que el ciclo seguirá. Tal vez se rompa, pero eso sería aún peor (¡ironías de la vida!). ¿Resignación o rebeldía? ¿Hay término medio? ¿Acaso eufemismos tan rimbombantes como tolerancia, aceptación sirven para algo?

Hoy es de esos días que hasta daría la razón a mi amigo nihilista.





Lenguaje binario

24 12 2008

Hay diez tipos de personas en el mundo, las que saben binario y las que no.

Anónimo

Sacado de Matemática, ¿dónde estás? de Adrián Paenza que, junto con el primero de la serie (Matemática, ¿estás ahí?), es un libro muy recomendable para todas aquellas personas que tienen inquietudes matemáticas. ¡Gracias Susiño!

¿Y tú, sabes binario?





Retales de tela para fin de año

24 12 2008

¡Por fin! Tras la tarde de ayer y la mañana de hoy, ya tengo el traje de fin de año comprado. ¿Cómo puede haber gente que se lo pase tan bien comprando ropa? Es tremendamente cansado. Buscar en un sitio, luego ir a otro, volver al de antes, comparar precios, que tengan la talla que tú quieres, ir a los probadores, hacer cola… Y por si eso fuera poco, a veces lidiar con los gustos de tus “acompañantes de compras”. Ah, y aún falta que me suban los puños y no sé qué del pantalón. Toda una odisea (bah, total, ya llevo unas cuantas hechas).

Como acostumbra en estas fechas, las tiendas están llenas de gente con grandes ansias de consumismo, ni crisis ni leches. Tal vez compren menos o más barato, pero siguen ocupando lo mismo; sí, sí, adelgazar no adelgazan.

Porque esa es otra, la gente se agolpa frente a una estantería y ya puedes tú rezar que jamás podrás ver (¡y mucho menos comprar!) lo que hay en ella. Cuando crees que ya se van, aparece de la nada una señora rica en carnes y vuelve a taponar la estantería, ¿pero qué tendrá el dichoso expositor para que sea tan interesante? Como te pica la curiosidad, la siguente vez, ya más precavido, te abalanzas sobre la estantería en cuanto la señora hace ademán de irse y, por supuesto, no se iba. Mil disculpas por mi parte, gruñidos (¿quizás rugidos?) por la suya y… nada, sigo sin ver lo que hay.

Harto ya de este acecho más parecido a un documental de La 2 que a una tienda de ropa, decido marcharme y es ahí, en el último instante, cuando la estantería queda libre y yo, esperanzado, corro apresuradamente hacia allí. Cuando llego veo dos camisas mal colocadas y arrugadas terriblemente feas y varias camisetas iguales a las del expositor contiguo.

¡Así es la Navidad!





¡Libre!

19 12 2008

Libre

Tiene casi veinte años y ya está
cansado de soñar,
pero tras la cementera está su hogar,
su mundo, su ciudad.
Piensa que la alambrada sólo es
un trozo de metal,
algo que nunca puede detener
sus ansias de volar.

Libre,
como el sol cuando amanece,
yo soy libre como el mar…
…como el ave que escapó de su prisión
y puede, al fin, volar…
…como el viento que recoge mi lamento
y mi pesar,
camino sin cesar
detrás de la verdad
y sabré lo que es al fin, la libertad.

Con su amor por montera se marchó
cantando una canción,
marchaba tan feliz que escuchó
la voz que le llamó,
y tendido en el suelo se quedó
sonriendo y sin hablar,
sobre su pecho flores carmesí,
brotaban sin cesar…

Libre,
como el sol cuando amanece,
yo soy libre como el mar…
…como el ave que escapó de su prisión
y puede, al fin, volar…
…como el viento que recoge mi lamento
y mi pesar,
camino sin cesar
detrás de la verdad
y sabré lo que es al fin, la libertad.

Nino bravo

¡Felices vacaciones!





Atrevimiento

18 12 2008

Tenía esta idea rondando por mi cabeza (junto con otras muchas, por supuesto), pero no me decidía a dar el paso. Ahora, me armo de valor (¿osadía o temeridad?) y publico este amago de poema. Uno de los motivos por el que resolví hacerlo es el hecho de que ya está publicado. Sí, mi querido (entiéndalo cada uno como desee) profesor de Lengua y Literatura Españolas lo hico público en la web del Colegio.

Antes de leerlo, me gustaría hacer una matización. Si no te gusta (como es muy posible), intenta olvidarlo lo antes posible, es duro, pero no imposible. Si de veras te gusta: ¡vete a leer poemas de verdad, hombre!

Oda a la Tierra Media de Tolkien

Nubes, nubes de vapor
en la fortaleza cruzan el cielo.
Hordas, hordas de terror
que cubrirán el mundo entero.

La esperanza reside en los corazones
de la gente mediana del pueblo.
La salvación no está en las manos
de los fuertes, del noble o del clero.

La vida implica destrucción,
el alma se viste de hierro.
El poder del Anillo deshacerse debe
antes de que se forme su reino.

¡Cuán fuerte es el poder maligno,
cuán salvaje, cuán fiero!
¡Cuán endebles nos encontramos
como un vulnerado ciervo!

Amor, pasión,
latiendo.
Tinieblas, oscuridad,
destruyendo.

Efímera gloria de los grandes
en los pequeños se torna tormento.
Breve gozo y abuso de los mayores
en los menores se vuelve sufrimiento.

Un hobbit, primero por obligación,
después por heroísmo y rezo,
salvó a los grandes del imperio
como si todo fuese un sueño.

Los hombres y elfos vanidosos,
los enanos siempre férreos;
ciegos por amor, miedo y orgullo,
no vieron el poder del plebeyo.

Mundo fantástico, creencia inmensa,
fluye la imaginación en un reguero.
La batalla y el amor se combinan
en un gran destino sempiterno.





La apuesta de Periodismo

15 12 2008

Ante el reto propuesto por Fede y ante la pesadez de mi manejo de “polas” según Tomás Edreira, me dispongo a escribir una entrada que de momento no sé de qué va a ir, pero que ya casi es de obligado cumplimiento.

A raíz de la conversación con mi profesor de Periodismo, me he dado cuenta de la gran evolución que ha sufrido este blog. No sé si sería más correcto calificarlo de mutación porque el cambio ha sido bastante radical ¿Revolución tal vez? No, demasiado rebelde. Quizás lo más adecuado sería divagaciones. Es por eso que modifico la existente categoría Reflexión por Divagaciones mucho más acorde con mi pensamiento.

Según la tercera acepción que le da la RAE a la palabra divagar, esta significa:

3. intr. Hablar o escribir sin concierto ni propósito fijo y determinado.

¿Qué mejor definición que esta para la presente entrada? De hecho, en este preciso instante aún no sé cómo voy a enfocarla. Repasemos, pues, lo que tengo en mente.

  1. Examen de Historia.
  2. Ensayo de Conservatorio.
  3. Aún faltan 4 días para vacaciones.
  4. El sábado tengo cumple.
  5. El sábado hay que pagar un anticipio del viaje de fin de curso.
  6. No sé qué escribir en mi blog.

Qué cosas tan materiales, pero es lo que hay -no hay que pedirle peras al olmo-. Analicemos entonces punto por punto:

  1. Asqueroso examen de chape puro y duro. Paso de hablar de esto que me estreso.
  2. Me voy a perder Taller de Música por el ensayo y me olvidé de comentárselo al profesor, soy un caso. Pero también, ¿no tenían otro día para ensayar los de Conservatorio?, ¿tenía que ser justamente en Club? Y aún me tengo que aprender el solo de Santana…
  3. ¡Qué ganas tengo de que sea viernes! (y qué tópico más característico de estudiantes).
  4. Tengo que pensar en un regalo.
  5. Espero que la agencia no cierre y cumpla el horario que viene en Internet.
  6. Contestar esto sería un poco autorreferente, ¿no? No vaya a ser que cree un bucle interdimensional… vale, vale, ya lo dejo.

Lo dicho, trivialidades. Aunque a partir de este “análisis” me doy cuenta de que me sorprende la forma tan matemática que tengo para organizar mis cutres pensamientos… ¡Claro, la matemática! ¡Qué mejor tema que las mates! Bueno, pensándolo bien, no es hora de ponerse a ello. Tal vez otro día.

Y sigo sin saber qué escribir. Y la cuestión es ¿por qué sigo delante del Panel de WordPress queriendo escribir? Debe ser por algo más que por la antes mencionada obligación. Podía haber terminado la entrada, un tanto pobre, pero terminada al fin y al cabo.

Y no.

Sigo escribiendo sin saber qué ni por qué, pero no importa. Hoy me gusta aporrear a mi pobre teclado.

¿Qué tendrán las letras que me atraen hacia sí? Y eso que soy un firme defensor de la ciencias, los números y las matemáticas en general. Por supuesto, una cosa no quita a la otra, pero ¿por qué sigo?

Y sigo…

Y sigo…

Y si…

Y…

Debe ser que quiero pelearme con Oscar Wilde:

“No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.”





Tantas cosas por hacer ¡y tan poco tiempo!

8 12 2008

Escritorio-monografia

Sí, voy a caer en un tópico: el tempus fugit. Pero quizás si lo digo en latín hasta suena mejor.

No, no he leído ningún poema renacentista últimamente, ni he rememorado las Coplas de Jorge Manrique, ni he estudiado a Heráclito… sólamente estoy encadenado a 4.000 palabras. Quien me conozca sabrá a que me refiero; quien no, vivirá feliz en su ignorancia. Esta foto de mi escritorio (el físico, no el de ordenador, obviamente) muestra el desorden provocado por dichas palabras.

Tal vez lo único que me consuela es la siempre reconfortante vista de mis palmeras. Tal vez sea el espíritu navideño que se adueña de mí (hoy puse el Árbol y el Belén). Tal vez sea que son las 2 de la madrugada. Tal vez…

Después de un largo período de trabajo (exámenes, trabajos, exámenes, deberes, exámenes, ¿dije exámenes?) viene la calma que procede a la tempestad… o quizá no. De lo que sí me doy cuenta es de que cada vez quiero hacer más cosas, quiero coger un libro y echarme una tarde entera disfrutando de él, quiero ver películas hasta hartarme, quiero coger la guitarra y no parar hasta que mis dedos no puedan más, quiero, quiero, quiero…

Egoísta hasta límites insospechados: ¡¡¡quiero!!!

Volviendo al terrible mundo real… ¿Pero para qué volver? ¿Acaso regresar no es sinónimo del mayor de los fracasos? Nadie vuelve si no es para mejorar. ¿Regresaría alguien para peor? Pues sí, todos lo hacemos, todos tenemos nuestra dosis de idealismo (en mayor o menor medida, sin duda), pero todos tenemos sueños, aspiraciones (incluso mi querido amigo nihilista el que se oculta tras una máscara).

Quizás divago demasiado, tal vez estoy muy dubitativo, pero es que este año la Navidad me ha pillado reflexivo incluso saudoso. Muchos cambios, poca adaptación, velocidad punta, tempus fugit.