La filosofía y los símbolos

27 09 2008

Indagando en la ya casi olvidada tarjeta de memoria de mi difunto móvil me encuentro esta foto, realizada en un momento de inspiración (o quizás de insana demencia) cuando recorría las calles de la ciudad. La foto fue sacada como un simple chiste, pero ahora que la veo suscita en mí un anhelo de reflexión.

Esta imagen no es más que un símbolo que yo identifico con la filosofía. ¿Puede que el símbolo inspire más que el propio hecho identificado? En toda la historia de la humanidad, los seres humanos (y los no tan humanos) han luchado y defendido fervientemente unos símbolos (la corona, la bandera…), caballeros han jurado encontrar reliquias que no son más que símbolos de una creencia (Santo Grial) y todo ¿para qué?

¿Por qué nos podemos cegar ante un símbolo hasta tal punto que olvidamos complemente el objetivo de nuestro afán? Simplemente hemos luchado hasta ahora por ese algo; si lo hemos hecho hasta ahora, ¿qué motivos habrá para cuestionarse nuestros impulsos? A lo mejor tenemos miedo de reflexionar sobre lo pasado, de indagar sobre la raíz del símbolo porque, tal vez, no nos encontremos más que un sin fin de contradicciones o, aún peor, un error garrafal por nuestra parte.

Siempre será mucho más cómodo seguir para adelante, arrasando todo lo que se interponga ante nosotros, ovlidando lo representado por el representante, sin reflexión ni meditación, como toros ante el color rojo. Algunos alegarán la sorpredente capacidad del ser humano para embestir el futuro aunque sea contra marea. Nada más lejano de la olvidada realidad. Es precisamente esa dejadez del pensamiento, la frágil convicción de seguridad ignorante lo que nos empuja hacia delante, sí, pero no contra marea. ¿Sorprendente? Sin duda. ¿Puede alguien concebir que desechemos nuestro más preciado tesoro -la razón- en aras de un simple símbolo?

¡Asquerosos ideales faltos de toda idea! ¡Dejadnos vivir sin vuestro yugo cegador!

Obrar es fácil, pensar es difícil; pero obrar según se piensa, es aún más difícil.





Camino de Santiago (I)

20 09 2008

Ayer al mediodía llegué a Santiago tras una semana de esfuerzo desde O Cebreiro. Fui con algunos de los alumnos del BI de mi colegio y de otro de Las Palmas de Gran Canaria. Fue una experiencia muy enriquecedora, por ello me propongo dividir esta entrada en dos. La primera de ellas (la presente aquí) tratará en general sobre el Camino; y la segunda, sobre las reflexiones que han invandido mi mente.

Salimos en bus de A Coruña el sábado 13 hacia O Cebreiro muy temprano. Llegamos pronto allí y empezamos a caminar en la sempiterna niebla de esa zona hacia Triacastela, no sin antes hacernos las consabidas (y a veces ridículas) fotos de grupo. Las instantáneas marcaron buena parte del trayecto especialemente para el sexo femenino. No obstante, la parte más importante del viaje fueron los canarios.

Todos ellos (David, David, David, David -sí, sí, son cuatro-, Moi, Jaime, María, Melani y Marta) muy majos y agradables. En seguida hicimos buena migas y nos llevamos muy bien en toda la excursión.

El recorrido fue el siguiente:

O Cebreiro – Triacastela – Sarria – Portomarín – Palas de Rei – Arzúa – O Pino – Santiago

Javi Fandiño y yo hemos creado un blog donde iremos poniendo las fotografías tomadas a lo largo del Camino de Santiago por diversas personas. Así tendremos un grato recuerdo de esta inolvidable experiencia -a muchos niveles-.

Blog del Camino de Santiago del Colegio Arenas y Obradoiro.

Continuaré hablando sobre el viaje en otra entrada.